Estuve casi una semana evitando a las gemelas, a Maggi por una cuestión de conciencia, a Eni porque me asustaba pensar que podría estar comenzando a tomarla más en serio y además necesitaba poner en orden mis ideas, quizás porque me comenzaba sentir esclavo de mis deseos, lo cual pienso no es malo cuando esta esclavitud es recompensada con placer y buenos momentos, pero cuando está te llena de incertidumbre y sentimientos de culpa, algo debes estar haciendo mal. Tanto cabeza de pan como el muelas me inquirían que me sucedía, por que estaba tan raro.
-Algo tienes, y me extraña que no lo digas tío-me dijo frontalmente cabeza de pan.
-Sí, oe déjate de huevadas y cuenta pues- agregó el muelas.
-No tengo nada, simplemente hoy no tengo ganas de hablar es eso tan raro??
-Sí, por eso nos extraña –finalizó cabeza de pan-
-Si fuera algo grave creo que ya lo hubiera dicho y ya cambien de tema que parecen mis tías, par de maricones.
El celular lo dejé en el fondo de mi closet, me agarró esas ganas locas de estar solo que a veces a uno le vienen, acompañada de de música lo más gris posible, quería deprimirme, aquel octavo día saliendo del trabajo en la esquina, mientras prendía un cigarrito, la sentí, sentí su presencia, con el sólo hecho que su voz acariciara mis oídos ya estaba estremecido y esa vibración en mi espinazo, me volví a verla y ya estaba saboreando su piel, la piel de su cuello, la de su espalda, la de sus pechos, la de su vientre, la de sus muslos.
-Hola, como te va- me dijo sonriente como si el tiempo entre nuestro último encuentro no hubiese sido más que un breve pestañeo-
-En este momento, creo que bien, y amenaza con mejorar- le dije contagiándome de su sonrisa-
-Así? Que coqueto estas hoy, estas ocupado?- me preguntó mirando alrededor-
-No que yo sepa, y tú?-le devolví la pregunta esperando ser lo suficientemente provocador para la altura de la situación.
-Tampoco –estampándome un beso desenfrenado con caricias con las manos como corporales-
Que rico se sintió después de tiempo tenerla en mis brazos y sentir su cuerpo ondularse sobre mi.
-Quiero que me hagas lo que quieras hoy- me dijo mirándome lo más seductora posible.
-Tengo muchas cosas en mente-le respondí mordiéndome los labios.
Nos fuimos a mi centro de operaciones, mi hotel querido, al llegar nos tumbamos en la cama, ambos boca arriba, comencé a besarla, a lamer su cuello, verla ahí con los ojos a medio cerrar y los labios entreabiertos mientras mis manos iban retirando la ropa lentamente la blusita verde agua que traía, el jean apretado, abrí el brassiere que tenía broche delantero, liberando sus senos que fueron chupados y lamidos por mi suave y desesperadamente (no sé si puedan entenderme, pero es posible) en ese dulce jugueteo, mi ropa también fue abandonando mi cuerpo.
Estábamos ya desnudos, ella estaba tendida, me dio a entender que ese día quería ser atendida, lamí sus muslos, suavemente, me tomé mi tiempo, mi lengua resbalaba por ellos sus piel tibia y suave, era una delicia, pero cada vez que me dirigía hacia su húmedo tesoro, sentía que se me iban a caer las pelotas, con sus gemidos y espasmos, luego de ponerme el condón, con cuidado, la tomé de un muslo y se lo metí despacio pude sentir cada centímetro entrando en ella, mientras miraba esas pequitas que la adornaban y sus ojos cerrarse como imaginando esa escena. Así estuvimos sacudiéndonos buen rato, la sacaba por ratos para prolongar el momento, luego la volteé con delicadeza, quería ver la felicidad hice su cabellera a un lado, y emprendí a el preliminar masaje con la cabeza del pene en su orificio más sabroso, el sentir sus nalgas templarse alrededor de mi, en esa frotación, era lo máximo, hasta que sentí como de pocos fui invadiéndola, primero la punta, luego poco a poco el resto, hasta que sus nalgas ya no me permitieron seguir avanzando, luego lo fui retirando poco a poco para emprender nuevamente la invasión, cuando sentí más confianza y soltura se me fue olvidando la cortesía, la palmotee y arremetí sobre ella envuelto en excitación y deseo reprimido por todo el preliminar, mientras me pedía que la destrozará, que era una mala chica. Hasta que sentí el torrente espeso salir de mí y llenar el condón tumbándome a su lado ambos boca abajo mientras yo la miraba y le sacaba el mechón de pelos que le tapaba el rostro mientras me preguntaba que tanto se diferenciaba la necesidad de verla más seguido con estar realmente enamorado de ella. Lo hicimos un par de veces más pero mi cabeza estaba en blanco, después del primer polvo. Estaba aún pensando en Roxanne, en sus palabras, que tan mala podría ser, no es que quisiera experimentarlo, pero el morbo es algo que nos atrae mucho, algunos pensarán que bueno si es tan mala está sometida, pero cuando muestran un poco de debilidad este tipo de personas quieren que tu corazón se acerque lo suficiente como para tenerlo al alcance, no estaba dispuesto a seguir enredando mi vida más este sería el final, además mañana estarás pensando en mí siquiera Roxanne, o estarás en la cama con alguien más ahogando tus penas y culpas como quizás siento hoy que haz hecho conmigo, la besé como nunca había besado a alguien hasta ese momento, acaricié una vez más su rostro después de vestirme y sin responder a lo que me decía me fui llevándome esa curiosa cura que me había limpiado los ojos empañados de pasión.
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